Transferencia de energía
    Transferencia de energía
    15 de Octubre de 2026

    ¿Alguna vez has estado con una persona y, después de pasar un rato con ella, te has sentido agotada, sin ganas de nada o incluso de mal humor?

    ¿Y no te ha pasado también lo contrario? Estar con alguien y terminar la conversación sintiéndote alegre, tranquila y con las pilas recargadas.

    ¿Por qué ocurre esto?

    Porque, aunque muchas veces no seamos conscientes, las personas que nos rodean influyen en cómo nos sentimos.

    Y a esto, desde mi manera de entender la espiritualidad, me gusta llamarlo transferencia de energía.

    Pero vamos a explicarlo de una manera sencilla.

    Imagina que llegas a casa después de un día maravilloso. Estás contenta, tranquila y de buen humor.

    De repente, alguien empieza a quejarse de todo, a discutir, a criticar o a contarte sus problemas con mucha tensión.

    ¿Qué ocurre?

    Es posible que, después de un rato, tu buen humor haya desaparecido y te encuentres cansada o irritada.

    Ahora imagina lo contrario.

    Has tenido un día horrible. Estás preocupada, triste o desanimada. Pero quedas con esa amiga que te escucha, te comprende, te hace reír y, sin darte cuenta, empiezas a sentirte mejor.

    ¡Tu día no ha cambiado, pero tu estado de ánimo sí!

    Y aquí está lo interesante.

    ¿Qué ocurre realmente?

    Desde la psicología sabemos que existe algo llamado contagio emocional.

    Esto significa que las emociones de las personas pueden influir en las nuestras a través de sus expresiones, sus palabras, su tono de voz y su comportamiento.

    Por eso, cuando alguien sonríe, muchas veces sonreímos también.

    Cuando estamos cerca de una persona muy nerviosa, podemos comenzar a sentir cierta tensión.

    Y cuando alguien nos transmite tranquilidad, podemos relajarnos.

    No significa que las personas nos estén quitando o regalando literalmente una energía invisible. Esa interpretación pertenece al terreno espiritual.

    Pero la influencia emocional entre las personas es real.

    ¿Y qué tiene que ver nuestro entorno?

    ¡Muchísimo!

    Porque no solamente nos influye lo que pensamos o sentimos.

    También nos influye aquello que vivimos cada día y las personas con las que compartimos nuestro tiempo.

    Nuestra pareja, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra familia...

    Todos formamos parte de un intercambio constante de emociones, palabras, actitudes y experiencias.

    Por eso es tan importante observar cómo nos sentimos en nuestras relaciones.

    Pero ¡ojo! Quiero aclarar algo.

    Una persona no tiene mala energía simplemente porque esté atravesando un momento difícil.

    Todos tenemos días malos. Todos necesitamos desahogarnos, llorar o pedir ayuda.

    Una cosa es acompañar a alguien que está pasando por una situación complicada y otra muy distinta es permanecer constantemente en relaciones donde hay críticas, desprecio, conflictos o falta de respeto.

    ¿Cómo podemos cuidar nuestra energía?

    Primero, aprendiendo a conocernos.

    Observa cómo te sientes antes y después de compartir tiempo con determinadas personas.

    Aprende a poner límites sin sentirte culpable.

    Rodéate de personas con las que puedas ser tú misma, sin miedo a que te juzguen.

    Y recuerda que también necesitas momentos de silencio, descanso y tranquilidad.

    Pero hay algo todavía más importante.

    No solamente recibimos energía de los demás. Nosotros también influimos en ellos.

    Y aquí quiero que reflexionemos.

    Cuando llegas a casa, ¿qué ambiente contribuyes a crear?

    Cuando alguien te cuenta un problema, ¿escuchas o juzgas?

    Cuando una persona consigue algo bonito, ¿te alegras sinceramente por ella?

    Porque muchas veces estamos tan pendientes de protegernos de la energía de los demás que olvidamos preguntarnos qué estamos transmitiendo nosotros.

    Y quiero terminar con algo que considero fundamental:

    No puedes elegir siempre cómo llegan los demás a tu vida, pero sí puedes trabajar en cómo respondes, qué límites estableces y qué relaciones decides alimentar.

    Cuida tu entorno, cuida tus emociones y cuida tus relaciones.

    Porque la gente que te rodea influye en tu bienestar, pero tú también influyes en el suyo.

    Y ahora quiero preguntarte algo:

    ¿Alguna vez has terminado una conversación sintiéndote completamente agotada o, por el contrario, mucho mejor que antes?

    ¿Con qué tipo de personas sientes que recuperas tu alegría y tranquilidad?


    Hasta la próxima!