Somos energía
    Somos energía
    1 de Octubre de 2026

    Todos somos energía.

    Venimos al mundo con una historia que comenzó mucho antes de nuestro nacimiento. Detrás de nosotros están mamá, papá, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y muchas generaciones anteriores.

    De ellos recibimos una herencia genética, pero también una historia familiar: costumbres, maneras de relacionarnos, creencias, valores, miedos, fortalezas y formas de enfrentarnos a la vida.

    Pero hay algo que para mí es muy importante comprender:

    Tú no eres solamente la energía de tu linaje. Tú también tienes tu propia energía.

    Porque desde el momento en que comienzas a vivir, empiezas también a construirte.

    Tus experiencias te transforman.

    Tus decisiones te transforman.

    Tus pensamientos te transforman.

    Las personas que amas te transforman.

    Tus pérdidas, tus alegrías, tus errores y tus aprendizajes dejan huella en ti.

    Por eso no somos únicamente lo que recibimos.

    También somos lo que construimos.

    Nuestra energía también se relaciona con nuestro entorno

    ¿Nunca te ha ocurrido que estás con una persona y después de un rato te sientes tranquila, alegre y llena de vitalidad?

    ¿Y no te ha sucedido también lo contrario?

    Hay personas y ambientes después de los cuales sentimos cansancio, tensión o incomodidad.

    Esto no significa necesariamente que alguien nos esté "quitando la energía". Muchas veces nuestro cuerpo y nuestras emociones están respondiendo a lo que sucede a nuestro alrededor.

    Las personas con las que convivimos influyen en nosotros.

    Una conversación puede cambiarnos el ánimo.

    Una crítica constante puede desgastarnos.

    Una palabra de cariño puede tranquilizarnos.

    Una amistad sana puede ayudarnos a recuperar la confianza.

    Un ambiente conflictivo puede mantenernos en tensión.

    Por eso siempre digo que debemos observar muy bien de quién nos rodeamos.

    Porque nuestras relaciones también alimentan nuestra manera de pensar, sentir y vivir.

    ¿Y qué ocurre con nuestro campo áurico?

    Desde una mirada espiritual, llamamos aura o campo áurico al campo energético que rodearía a cada persona y que reflejaría aspectos de su estado físico, mental, emocional y espiritual.

    El aura pertenece al terreno de las tradiciones espirituales y metafísicas; no está demostrada científicamente como un campo energético humano medible en el sentido en que se mide, por ejemplo, un campo electromagnético.

    Pero como concepto espiritual nos permite explicar algo que muchas personas reconocemos en nuestra experiencia cotidiana:

    lo que llevamos dentro se manifiesta muchas veces en nuestra presencia.

    Hay personas que transmiten calma.

    Otras transmiten alegría.

    Algunas llegan a un lugar y sentimos inmediatamente su tensión.

    Y otras tienen una presencia con la que simplemente nos sentimos bien.

    Nuestro estado interior influye en nuestra postura, nuestra voz, nuestros gestos, nuestra mirada, nuestra manera de relacionarnos y, por supuesto, en cómo nos perciben los demás.

    Entonces, ¿de qué está hecha nuestra energía?

    Yo la entiendo como una combinación de diferentes capas.

    Está la energía que heredamos, nuestra historia familiar y nuestro linaje.

    Está la energía que construimos, formada por nuestras experiencias, pensamientos, emociones, decisiones y aprendizajes.

    Y está la energía con la que nos relacionamos, la de nuestra pareja, familia, amistades, compañeros de trabajo y los ambientes en los que pasamos nuestra vida.

    Pero ninguna de ellas tiene por qué determinar completamente quiénes vamos a ser.

    Porque podemos elegir.

    Podemos alejarnos de determinadas dinámicas.

    Podemos cambiar nuestras creencias.

    Podemos aprender nuevas formas de relacionarnos.

    Podemos poner límites.

    Podemos cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente.

    Podemos elegir mejor a las personas que dejamos entrar en nuestra vida.

    Y podemos trabajar aquello que recibimos de nuestro linaje y que ya no queremos seguir repitiendo.

    Somos herencia, pero también somos construcción.

    Quizá heredaste el miedo de una familia que vivió momentos muy difíciles, pero tú puedes aprender a vivir desde la confianza.

    Quizá creciste viendo relaciones conflictivas, pero puedes aprender otra manera de amar.

    Quizá en tu familia existía una determinada creencia sobre el dinero, el éxito o la felicidad, pero tú puedes cuestionarla y construir una nueva.

    Ahí está nuestra capacidad de transformación.

    Porque conocer nuestro linaje no debería servir para decir:

    "Yo soy así porque mi familia era así."

    Debería servir para poder decir:

    "Ahora entiendo de dónde puede venir esto. Y ahora decido qué quiero hacer con ello."

    Cuida la energía que construyes

    Si aceptamos que nuestro entorno influye en nosotros, también tenemos que hacernos otra pregunta:

    ¿Qué energía estoy aportando yo a los demás?

    Porque no solamente recibimos.

    También transmitimos.

    Cuando llegas enfadada a casa, llevas algo contigo.

    Cuando escuchas a alguien con cariño, llevas algo contigo.

    Cuando juzgas, cuando ayudas, cuando agradeces, cuando criticas, cuando abrazas, cuando perdonas, cuando sonríes...

    estás dejando una huella en las personas que te rodean.

    Por eso cuidar nuestra energía no consiste solamente en protegernos de los demás.

    También significa hacernos responsables de aquello que nosotros llevamos al mundo.

    Rodéate de personas que te hagan bien.

    Cuida lo que consumes, lo que escuchas y las conversaciones que alimentas.

    Observa tus pensamientos.

    Aprende a poner límites.

    Descansa cuando tu cuerpo lo necesite.

    Y, sobre todo, recuerda:

    Tú vienes de muchas historias, pero estás escribiendo la tuya.

    Llevas contigo una parte de quienes estuvieron antes que tú.

    Recibes también la influencia de quienes caminan contigo.

    Pero en medio de todo eso existe algo profundamente tuyo:

    la persona que estás decidiendo construir cada día.

    Somos energía.

    La heredamos.

    La recibimos.

    La compartimos.

    La transformamos.

    Y también la creamos.

    Hasta la próxima!